a. Guion de Marguerite Duras.
Hiroshima Mon Amour (1959)
De Alain Resnais.
Con
Emmanuelle Riva,
Eiji Okada y
Stella Dassas.
Hiroshima Mon Amour (1959)
De Alain Resnais.
Con
Emmanuelle Riva,
Eiji Okada y
Stella Dassas.
(Esta debería ir citando en el recuadro de la izquierda pero es muy larga)
Georges: Era algo de un romance entre un noble y una muchacha de la burguesía que no podían casarse y entonces, generosamente, renuncian a su amor. En realidad, no recuerdo mucho la historia. Pero, por otra parte, recuerdo que estaba completamente conmocionado a la salida y me hizo falta un determinado tiempo para calmarme.
En el patio de la casa de mi abuela, había un hombre joven en una ventana que me preguntó de dónde venía. Era un par de años que yo. Un fanfarrón que, por supuesto, me impresionaba mucho. "Del cine", le dije. Porque estaba muy orgulloso de que mi abuela me hubiera dado el dinero para ir solo al cine. "¿Y qué has visto?" me dijo. Yo comencé a contarle la historia. Y a medida que la contaba, la emoción volvía. Yo no quería llorar delante de ese muchacho, pero era imposible. Yo estaba allí, llorando, en el patio, y le conté el drama hasta el final.
Anne: ¿Entonces? ¿Cómo reaccionó?
G: No sé. Probablemente lo encontró divertido. No lo recuerdo. No recuerdo el título de la película pero recuerdo los sentimientos. Yo tenía vergüenza de llorar. Y al contarle los sentimientos, las lágrimas volvían, todavía más fuertes que cuando miraba la película. No pude quedarme ahí.
A: Es lindo. ¿Por qué nunca me lo habías contado?G: Tengo muchas historias que todavía no te he contado.
Georges: Cuando era muy pequeño... Bueno, tan pequeño no era. Creo que fue al final de la escuela primaria. Debía de tener unos diez años. Papá y mamá me enviaron a una colonia de vacaciones. Pensaron que me haría bien pasar un verano con niños de mi edad. Nos alojaron en un viejo castillo. En el medio del bosque. Creo que fue en Auvernia. Ya no recuerdo. En todo caso, fue muy distinto a cómo lo había imaginado. Debíamos levantarnos a las seis de la mañana y zambullirnos en un lago. Era un pequeño lago al lado del castillo. Lo alimentaba un arroyo de montaña glacial. Debíamos entrar corriendo, de dos en dos. Tú sabes que nunca fui muy deportista. Había todo un programa establecido para tenernos en movimiento todo el día. Aparentemente con el fin de sofocar eventuales pulsiones de la pubertad. Pero lo peor era la comida. Al tercer día de nuestra llegada, en el almuerzo sirvieron arroz con leche. Odio el arroz con leche. Estábamos sentados alrededor de una larga mesa en una sala inmensa. Yo no quería comer eso y... un maestro me dijo: "Si no terminas tu plato, no sales de aquí." Entonces luego de comer todos salieron y me quedé solo, llorando. Yo había hecho con mamá un pacto secreto. Tenía que escribirle cada semana y enviarle una postal. Si la estadía me gustaba, tenía que dibujar flores y si no, estrellas. Esa vez ella miró la postal y estaba cubierta de estrellas. Tres horas después pude al fin salir. Subí a mi habitación, me acosté. Tenía más de 40 de fiebre. Era difteria. Me llevaron al hospital más cercano donde me pusieron en cuarentena. Entonces, cuando mamá vino a verme, no pudo hacer otra cosa que señas detrás del vidrio. No volví a encontrar esa postal. Es una pena.